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El Museo de la Cerámica de Onda
El Museo de la Cerámica de Onda conserva, como fruto de una gran labor recopiladora, unas sobresalientes colecciones de cerámica valenciana que abarcan desde el siglo XV hasta la actualidad. Si bien la azulejería del Gótico al Barroco se encuentra suficientemente representada en otras instituciones de la Comunidad Valenciana, no ocurre lo mismo con la cerámica de las dos últimas centurias.
Precisamente este Museo preserva las mejores colecciones de azulejería correspondientes a los siglos XIX y XX, así como otras series de objetos etnológicos relacionados con el proceso global de fabricación y diseño.

Este hecho se debe entender en el marco físico y social de una zona que continúa elaborando productos cerámicos, y donde éstos no sólo forman parte del pasado, sino que constituyen el eje económico de nuestras poblaciones en la actualidad y se perfilan como una pujante industria para el futuro.

Como consecuencia de este abundante y específico Patrimonio Cultural, podemos calificar a la institución como un potencial centro de conservación, investigación e información, irremplazable para la historia de la cerámica y su industria.

La puesta en valor del museo y un efectivo desarrollo de todas sus funciones precisa de una estrecha colaboración entre las instituciones públicas, las entidades privadas relacionadas con la cerámica y la sociedad en general. Por ello, se está creando la Fundación del Museo de la Cerámica con la colaboración de la administración pública y de diversas instituciones privadas relacionadas con el mundo de la cerámica, entre las que de forma destacada se encuentra.



La colección de azulejería del siglo XIX

Origen
A finales del siglo XVIII comenzaron a surgir en Alcora, Ribesalbes y Onda, por influjo de la Real Fábrica del Conde de Aranda (Alcora, 1.727), les fabriquetes, pequeños talleres cerámicos dedicados a la elaboración de piezas de forma y azulejos.

Durante esta época aparecieron las fábricas de Ferrer, en Ribesalbes, y Guinot, en Onda. A principios del siglo XIX se documentó la fábrica de Peris, en Onda, y la de Viñals, en Castellón. Hacia mediados de la centuria se contabilizaban factorías en Alcora, Ribesalbes, Onda y Castellón, y si bien la mayoría de estas fábricas producían tanto piezas de forma como azulejos, Onda se decantó hacia la elaboración de azulejos.

En las últimas décadas del siglo XIX proliferaron las nuevas industrias en nuestra provincia, destacándose el centro productor de Onda dentro del panorama español.


Técnica

Los azulejos de la primera mitad del siglo XIX los podemos calificar todavía de artesanales, entroncados con las técnicas y decoraciones barrocas. Y a lo largo de la centuria asistimos a una gradual evolución tanto en la conformación como en la decoración.

De este modo, se observa una disminución paulatina del tamaño, grosor y peso de las piezas con tendencia hacia una homologación, propiciada por la gran demanda y los avances técnicos.


Estética
Los motivos florales y vegetales van siendo suplantados y transformados por los geométricos. La decoración con trepa se impone como sistema más versátil en la producción en serie y los colores se vuelven más nítidos y uniformes. Hacia finales del siglo XIX, con una producción que podemos calificar de industrial, se asiste a un resurgimiento de temas anteriores: góticos, renacentistas y barrocos, pero con predomino de lo neoárabe.


La colección de azulejería modernista

El origen
El Art Nouveau, estilo artístico que nace en París a finales del siglo XIX, se caracteriza por la utilización de productos ornamentales para la decoración de interiores. Entre ellos destacan los azulejos, que también se aplican en exteriores.

Este movimiento, que adquirió personalidad propia entre nosotros con el nombre de Modernismo, influyó desde el primer momento de forma decisiva en la cerámica de aplicación arquitectónica. Los grandes arquitectos catalanes de la época, como Antonio Gaudí, utilizaron la cerámica e incluso la diseñaban, hecho que influyó en la producción azulejera.

Los azulejos de nuestras fábricas, en especial las de Onda, que a finales del siglo XIX ya contaban con una importante industria cerámica (aunque todavía de cierto carácter artesanal), recibieron un gran impulso de la mano de la revalorización del uso de los azulejos en la edificación. Entre ellas sobresalió la producción de Segarra Bernat.

La técnica
Los avances tecnológicos fueron decisivos en la industrialización del azulejo repercutiendo en el abaratamiento de costes, mejorando su calidad y aumentando su producción. De esta forma, su consumo se popularizó.

Se incorporó el entubado, se perfeccionó el sistema de trepas, se investigó sobre vidriados y óxidos colorantes. También se mecanizó el sistema de prensado, incidiendo en la reducción del grosor de los azulejos, en el aumento su resistencia y en la mecanización de decoraciones en relieve.


La estética
Además de responder a la corriente higienista, el azulejo se utiliza como elemento ornamental aplicado no sólo a los edificios, sino también al mobiliario urbano y a los muebles domésticos.

El repertorio abarca desde la cuidada formalización geométrica de los motivos de origen vegetal y animal (nenúfares, lirios, mariposas, pavos reales, cisnes, papagayos, peces...) hasta la proliferación de diseños geométricos abstractos, solucionados con tintas planas. También utiliza temas y motivos decorativos extraídos de la iconografía de culturas exóticas, como la egipcia y la precolombina.


 
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